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Cómo empezar una novela

Cómo empezar una novela

Empezar una novela no es fácil. Abril Camino, autora de Mi mundo en tus ojos, con más de diez novelas a sus espaldas, nos cuenta sus trucos sobre cómo empezar una novela. 

 

Cómo empezar una novela: ¡no tengo ideas!

Me lo han preguntado muchas veces: «¿cómo se te ocurren las ideas para tus novelas?». La respuesta es variada, porque cada novela y su fuente de inspiración son un mundo, pero a veces me preocupa un poco la pregunta en sí. ¿Por qué? Porque, para mí, la decisión de escribir una novela no debería ser nunca anterior a la idea en sí. En esto hay dos opciones:

1. «Se me ha ocurrido una idea y me gustaría escribir una novela con ella».

2. «Quiero escribir una novela y me gustaría que se me ocurriera una idea».

Por regla general, da mejor resultado la opción 1 que la 2. Es más, lo que da realmente buen resultado es tener una idea, dejarla madurar, macerar, evolucionar, cambiar, irse por las ramas, volver a la senda, escaparse de ella, cargarse a aquel personaje que parecía imprescindible, resucitarlo, incorporar a otro, sentir que estás a punto de enloquecer, recuperar la cordura… y entonces, unos cuantos meses después, ponerse de verdad delante de las teclas.

Hay un método que nunca funciona para que las ideas nos vengan a la mente: llamarlas a gritos sentados delante del portátil. Volvernos locos pensando qué trama, qué conflicto, qué historia se nos puede ocurrir que acabe convertida en una novela de la que sentirnos orgullosos. Siempre he mantenido que la escritura tiene muchísimo más de trabajo concreto que de inspiración abstracta, pero… la inspiración también importa. E importa precisamente en el momento de encontrar la idea, el clic, ese hecho diferencial que puede hacer de nuestra futura novela algo bueno (o decente, al menos).

Muy bien, pero, si no vamos a encontrar la inspiración sentados en la mesa del despacho… entonces,

Cómo empezar una novela

¿Dónde? En esto, como en casi todo lo que tiene que ver con el proceso creativo, cada maestrillo tendrá su librillo, pero lo que mejor nos funciona a mí y a la mayoría de escritores que conozco es desconectar la mente. Lo máximo posible. Poner en off el trabajo, la casa, la familia, los amigos, el móvil (¡sobre todo el móvil!) y dejar que le mente vuele sola. Y cuando digo «desconectar la mente», eso incluye desconectarla de la propia búsqueda de la idea. Algo tan simple como salir a pasear sola, sin móvil, sin compañía y sin distracciones puede acabar llevando a nuestra mente hasta LA IDEA. Pero si salimos a pasear pensando en conseguir que la idea llegue… se resistirá, la muy maldita.

Mi fórmula concreta para encontrar ideas siempre ha sido algo parecido a esto:

- Para la ambientación, viajar.

- Para la creación de personajes, analizar a gente que he ido conociendo a lo largo de mi vida (o de las que me han hablado, sobre las que he leído o incluso de los que he escuchado una conversación de refilón en un restaurante).

- Para la trama, una mezcla de historias que me han contado o he leído mezclada con fantasías y con el maravilloso ejercicio de pensar «¿qué pasaría si…?», completando esa frase con las opciones e hipótesis más locas posibles.

Obviamente, nada de esto es matemático. No es sumar «x + y + z» y que eso dé como resultado una idea estupenda de la que saldrá una novela sensacional. Es el punto de partida para, como decía antes, ir madurando la idea, dándole nuestra propia forma, nuestra personalidad, añadir un poco de sal por aquí, un poco de pimienta por allá y, con algo de suerte, llegar a ese día fantástico en que todo hace clic, encaja y ya estamos preparados para pasarlo al papel.

Para finalizar, os voy a contar mi secreto de inspiración mejor guardado: el aburrimiento. Es difícil aburrirse en esta época que nos ha tocado vivir, ¿verdad? Llenamos las tardes de domingo de Netflix y los trayectos en metro de vistazos a Instagram. Es complicado encontrar momentos de ausencia total de estímulos. A mí me ocurrió en uno de los momentos en que más atascada he estado durante la escritura de una novela. Fue en la última que he acabado. Llevaba escritas unas cien mil palabras, sabía cómo quería que acabase todo, pero me faltaba la idea que me llevase hasta ese final. Me rompía la cabeza cada día delante del portátil y… no, no me venía nada a la mente. Me cogí un par de días de vacaciones y me fui de viaje a Asturias, sin que la historia que estaba escribiendo se me pasase siquiera por la cabeza. Y así, sin llamarla, mientras iba de paquete en una moto… llegó. ¿Por qué? Porque allí, en el asiento trasero de aquella moto, no tenía absolutamente ningún estímulo. No había tele, no había internet, no podía mirar el móvil, ni siquiera podía hablar con mi acompañante. Estábamos solos unos paisajes preciosos, la soledad, el silencio del interior del casco y yo. Y todo encajó como las piezas de un rompecabezas que no me podía creer que no hubiera visto antes. Al llegar de aquel viaje, escribí unas veinte mil palabras en tres días y acabé la novela.

La magia de esto de escribir es que, si este artículo lo hubiera escrito otra persona, probablemente os contara trucos completamente diferentes. Hay técnicas reconocidas y que se enseñan en escuelas de escritura creativa para conseguir inspiración. Y he escuchado a compañeras hablar de métodos (algunos muy marcianos) para que la idea llegue a la cabeza. Yo sigo optando por dejar que la inspiración venga sin llamarla, pero lo ideal es que cada uno encuentre el método que mejor le funcione para dar ese primer paso, esa idea, que acabará, con mucho trabajo, convertida en vuestra novela. 
 

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